El enfoque terapéutico del IBS debe ser diferente en función de cada paciente, ya que tiene que tener en cuenta las particularidades de cada uno. Son muy útiles las intervenciones de tipo dietético, porque se sabe que algunos alimentos pueden influir en los síntomas del IBS. Cada persona que padece este problema habrá identificado con el tiempo los alimentos que pueden desencadenar los síntomas típicos del intestino irritable y habrá aprendido a consumirlos con moderación o incluso a excluirlos de su dieta. En general se puede afirmar que una dieta equilibrada y un correcto equilibro hídrico son aconsejables en todos los casos de IBS, y para elegir lo mejor posible los alimentos que deben consumirse es necesario determinar el síntoma principal (estreñimiento o, al contrario, diarrea, o bien meteorismo).

Para algunos pacientes es útil:

  • evitar bebidas con gas u otras comidas y bebidas que estimulan la producción de gases intestinales;
  • comer despacio;
  • abstenerse, en la mayor medida posible, del consumo de cafeína, alcohol y edulcorantes artificiales;
  • evitar las comidas que puedan aumentar la producción de gases en el intestino.

En los pacientes con IBS a menudo el malestar/dolor depende de una percepción alterada de los gases intestinales, por lo que deberían reducirse al mínimo las sustancias alimentarias que producen los procesos de fermentación. Algunos hidratos de carbono (los FODMAPs – Oligosacáridos, Disacáridos, Monosacáridos y Polioles Fermentables) se absorben poco en el intestino y provocan la formación de gases, desencadenando los síntomas del IBS.

Alimentos pertenecientes a este grupo son: frutas, como manzanas y peras, alimentos con fructanos (cebollas, espárragos, alcachofas, trigo), comida que contenga rafinosa (lentejas, coles), y, por último, comida que contenga sorbitol (ciruelas, edulcorantes artificiales). Para atenuar los síntomas del IBS, puede ser útil una dieta que elimine o reduzca drásticamente todos estos alimentos.

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